Doña Alicia era una excelente maestra para todos sus alumnos, pero también era como una madre dispuesta a cuidar y acompañar a sus pupilos en su desarrollo personal y académica

Alicia Casildo, la mujer que rompió los paradigmas de la educación

Alicia Casildo Arbizu tenía 33 años cuando en 1942 decidió dejar los hábitos religiosos que había vestido durante la mayor parte de su vida. Educada desde los 10 años por las Hermanas Dominicas, esta mujer de baja estatura, pero de carácter fuerte se había dedicado en cuerpo y alma a su servicio a Dios y a su trabajo como profesora de matemáticas en diversos colegios limeños.

Aunque se apartó del convento, su fervor religioso permanecía intacto pero el deseo de dedicarse por completo a la enseñanza la impulsó a continuar con su labor educativa en grandes unidades escolares como Teresa Gonzales de Fanning, Mercedes Cabello y la Escuela Militar de Chorrillos.

Sin embargo, Alicia no tardaría en descubrir que, además de su fe en Dios y de su trabajo como maestra, había otro gran amor que marcaría su vida. En 1946 conoció al profesor de contabilidad Basilio Flores, con quien tenía dos grandes cosas en común: un profundo cariño por Yauyos, la tierra en la que ambos habían nacido, y una pasión por la enseñanza. El amor entre ambos surgió de inmediato. Al año siguiente se casaron y nació su único hijo: Jorge.

La familia Casildo Flores se estableció en Barrios Altos y mientras su pequeño hijo disfrutaba de su niñez en las calles de dicha zona tradicional y popular del Cercado de Lima, Alicia y Basilio continuaron desarrollando sus respectivas carreras como docentes.

Mujer, madre y maestra

Al cumplir 50 años y aquejada por un asma que afectaba su desempeño laboral, doña Alicia decidió jubilarse y buscar un nuevo hogar para su familia. Es así cómo llega a San Roque, una de las primeras urbanizaciones fuera del casco urbano de Surco, distrito ubicado al sur de Lima.

Con la mente puesta en descansar y satisfecha de haber encontrado nuevos y frescos aires para sobrellevar su enfermedad, Alicia se preparaba para disfrutar de las horas libres que su reciente jubilación le ofrecía. Pero tan sólo al año siguiente de su llegada a San Roque, sus vecinos se reunieron para pedirle que ante la necesidad educativa de un colegio privado en la urbanización fuese ella quien se encargara de crearlo.

Doña Alicia no lo pensó dos veces y fundó en 1959 el primer colegio privado católico de San Roque, que lleva el mismo nombre de la comunidad surcana que lo vio nacer. Bajo un lema que incluye los tres pilares de su vida (Dios, patria y formación), la experta maestra trajo consigo una propuesta innovadora para la época: la co-educación o educación mixta. Por ese entonces, no era común que varones y mujeres estudiaran en el mismo establecimiento. Pero la señora Casildo era una firme defensora de la importancia de que las mujeres fuesen profesionales y estaba convencida de que era necesario que la enseñanza se impartiera en espacios compartidos por alumnos y alumnas. Por ello, a pesar de la reticencia de los padres de familia sanroquinos, no tardó en demostrarles que la co-educación era la mejor opción para sus hijos e hijas.

Otra de las características más destacadas del espíritu del colegio San Roque fue que, desde su apertura, Alicia hizo que tanto los profesores como los alumnos y sus padres sintieran que pertenecían a una gran familia y que podían sentirse como en casa. Doña Alicia era una excelente maestra para todos sus alumnos, pero también era como una madre dispuesta a cuidar y acompañar a sus pupilos en su desarrollo personal y académico.

Las huellas imborrables de Alicia

Si bien la señora Casildo sólo trabajó como directora hasta 1974, hasta el final de sus días continuó al pendiente del colegio que había fundado. El último aliento del aire fresco que vino a buscar a San Roque casi medio siglo antes lo respiró un día de verano de 2006.Pero su legado sigue vivo en cada uno de sus alumnos.

Quienes tuvieron la suerte de conocerla, la recuerdan como una mujer dueña de una presencia imponente, símbolo de autoridad pero que cuando aconsejaba a sus pupilos lo hacía desde el corazón. Había en ella un interés genuino en el bienestar y crecimiento académico y personal de cada alumno. Alicia Casildo era la guía perfecta en el camino del aprendizaje y sus huellas imborrables permanecen intactas en la memoria y en el espíritu de todo alumno sanroquino.

Historia de Nuestro Patrono

San Roque: ejemplo de compasión y solidaridad

Nacido en 1295 en Montpellier, al sur de Francia, Roque es un santo católico que, guiado por la compasión que sentía por las víctimas de la peste, inició un peregrinaje por varias ciudades de Italia para dedicarse a curar a las personas infectadas por dicha enfermedad. Hasta su muerte en 1317, su solidaridad sin límites fue la marca distintiva de una vida entregada por entero al servicio de los demás.

En la segunda mitad del siglo XV, frente a una nueva epidemia de peste, la devoción por San Roque comenzó a extenderse: bajo su nombre se crearon hospedajes para enfermos y las capillas en su honor se multiplicaron rápidamente por toda Italia.

En la actualidad, San Roque es conocido no sólo en Europa sino también en América Latina y cada 16 de agosto se realizan ceremonias y festividades religiosas para recordar su admirable labor en favor de quienes se ven aquejados por alguna enfermedad.

En el colegio San Roque compartimos el carisma y la obra de este santo con nuestros profesores, alumnos y padres de familia. A través del voluntariado que ofrecemos a la Clínica San Juan de Dios, despertamos la solidaridad de los sanroquinos pues estamos convencidos de que toda persona de bien es alguien dispuesta a dar lo mejor de sí misma para ayudar a quienes más lo necesitan.

Su solidaridad sin límites fue la marca distintiva de una vida entregada por entero al servicio de los demás.

Cada 16 de agosto se realizan ceremonias y festividades religiosas para recordar su admirable labor en favor de quienes se ven aquejados por alguna enfermedad.

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